30 abr 2010

Eternidad

Cómo te sientes ahora? Pues, la verdad, creo que nada ha cambiado. Todo ha cambiado, ahora eres inmortal. Pero si, soy inmortal, pues, que debería sentir. Fácil, busca tu pasado. Ahora lo noto, es el mismo, pero se repite infinitas veces. Ahora conoces el futuro.
Salió del consultorio y se dispuso a caminar por el pasillo, pero el tiempo se hacía lento, y sintió que demoraba mucho más en ese pasillo que lo que la humanidad en formarse, las paredes se destruían, el piso erosionaba frente a sus ojos y simplemente seguía caminando, paso por paso, lentamente. Ahora lo entiendes. Pues entiendo perfectamente, pero cómo sigues aquí? No es difícil de responder, simplemente afectó nuestros cuerpos de una misma manera. Pero si tu no tienes cuerpo.
Finalmente llegó al pasillo, en donde todo volvió a la normalidad, y se dispuso al largo paso por las escaleras.

A.

Algunos pocos, para otros muchos, para mi ninguno, son los culpables de que todo no sea nada más que un propio sentimiento de la incurable capacidad de predecir las estultas formas que regeneran el cosmos azul y verde siempre negado por ellos mismos.
Aleteas, mueres, aleteas, mueres, naces de nuevo, cada instante nuevamente, tendiendo siempre a desaparecer en el intermedio, qué condena puede ser mayor a esta?
Estas fueron las dos fábulas que el maestro dio a la humanidad antes de morir. Ahora todos han de olvidarlo, ahora todos han de seguir adelante, nadie debe recordar al maestro, todos sus libros deben ser quemados, sus huellas ahogadas por miles otras y que nunca se pueda saber su nombre ni su edad, Si alguien se entera podría tener capacidades mayores a las nuestras, dice casi con histeria uno de los cuatro hombres que se encuentran en el loto, justamente el del pétalo exterior. En ese caso daremos nombre de maestro a otro hombre dice el de los ojos cerrados, mucho más calmo que el anterior. Pues nueva filosofía será, y mostrará un camino falso, dice el tercero, con una alegría que desborda maldad. No! dice el último, y mueren los tres anteriores.
Ese día nacieron los primeros mil hombres. Murió.

Camino

Es literalmente no exponerse a nada más que un hondo silencio... decimos siempre, callamos luego, pero a pesar de tanto que hablaramos, el silencio era constante, nada ni nadie podía quitarlo del lugar, calma, no de esa que todos quieren, no armónica calma, sino aquella que a la final es tanto caos como la peor de las catástrofes, aquella calma al ver morir, aquella calma entre tantos cientos de cuerpos inertes, donde no hay nada, no hay vida, no hay esperanza, silencio.
Ahora caminamos dos o tres pasos adelante, nos movemos un poco, sin hacer ruido, es lo normal, bueno, en este caso, y seguimos notando la omnipresente y tétrica muerte que nos ha sido dada a cada segundo, pero que solo pocas veces la podemos observar en su totalidad, en su mansa hostilidad, en su casi impenetrable esencia que en este momento se muestra como una masa de gritos que se reconocen, pero no se pueden oír, quitamos de nuestros pies el barro, que tétrica escena, que simplemente desalentador lugar el que se nos muestra.
Pensemos, no, aunque es el constante soliloquio el que nos ha traído aquí, y el que nos ha dejado dilucidar en poco la triste forma de la soledad absoluta, del vacío... no es, no es! nos refugiamos en todos nuestros miedos para pensar de forma esquizoide, soliloquios, soliloquios, locuras y más locuras, todos nuestros perceptos se desvanecen al descubrir de manera casi evidente que no es.
Pero, que más da, llevamos unas cuantas horas aquí y ya no es evidente que más lejos se encuentran otros lugares diferentes, con nuevas oportunidades, tal vez este mismo siniestro espacio podría cambiar si le damos algunos minutos, la esperanza vuelve a formarse, pero dentro de las tantas maneras que podemos engañarnos, esta es la más vil, quitamos el barro de nuestros pies, y hasta ese momento nos damos cuenta que nos encontramos en un mismo cuerpo, que pobre es la imaginación divina, si nos trajo no solo a un mismo espacio sino a un mismo cuerpo, limitado, limitante de todo lo que es y no es, ahora nos olvidamos de lo externo, y nos volvemos a reconocer de alguna u otra manera que somos. Ahora bien, intentamos contarnos, pero no pudimos culminar nuestra empresa, ya que algunos se desvanecían y otros más cambiaban de lugar, por lo que fue imposible al menos saber cuantos somos, ahora, si no es así, lo único que queda preguntarse es quienes. Ellos y yo. Ellos y yo. Ellos y yo. Ellos y yo, no. Casi impotente, lo único que queda es seguir caminando, sin pensar, sin predecir más que el evidente futuro que nunca es.
Dos o tres momentos después, volvió el ruido.

25 abr 2010

El rey

A Daniel Mahecha, para quien en estos difíciles días es neyilocusamente lobedor crear tan bellas palabras.

Caen, uno a uno, todos los filiopos, que hasta hace poco se hallaban revoloteando entre las palmeadas figuras de esos ostentosos firunos, de los cuales la silueta apenas visible hacían notar su tamaño. Sin duda 20 o 30 figunes, decía Reuel con algún aire de interminable admiración, e inmediatamente, como si siempre fuera escrita la historia para deformarla con sus repeticiones, sostenía su fantástica historia en la cual cuando era más joven podía llegar hasta la copa y bajar de allí los nidos de las jujinas, oh pobres jujinas, pobres y cuadradas jujinas, vuelan poco, caminan mucho, trepan alto y saben como para gumarse los polpos, y sin duda eso hacíamos cada vez que podíamos salir a cazar, aunque sin aquellas especiales flechas de Reuel era casi imposible alcanzar a esas traviesas.
Aún así los tiempos pasados fueros pasado, y ahora soy el rey y él el más noble mirtopo, las junlas caen cada vez más lento, y las kalintas son cada vez más oscuras, más silenciosas, aunque nunca la kalinta es silenciosa, puesto que siempre habrá alguno que otro jipio kaluntiturno que fifia, kunpe, polpa o simplemente corre en medio de la toluma, en medio de la incesante toluma que no tiene límites, pues extiende más allá que lo que ojo de cualquier mirtopo ha podido ver, aún los más viajeros, aún los más valientes, aún el mismo Reuel, aún Mertel, Sontis, Rora (aunque pareciera nombre de gunfia, en verdad es polco), aún del mismo Pritóon, mi querido gruto y el más sabio de todos, el más valiente mirtopo que en alguna mirta haya participado.
pero como detenerme en detalles, si soy ahora el rey y día a día he de hacer esta tortuosa ceremonia, escribir mis golpas, situarme en este monfio, prestar de mi plansio, es decir, el plansio real, aquel que por generaciones ha tenido tal noble labor de escribir la historia del reino, y por eso mismo soy rey, por noble y fiel detallista, vano hablador y ahora escritor, esclavo y escritor, esclavo y antes libre, siempre por hablador, pero ser rey no es elección, se diría que es la elección de gool, quien da su palabra a hinfo, y en la homonza hace lo mismo al pueblo, divulgar, divulgar, el habla mejor, tal vez, tal vez es mejor mentiroso, mejor escritor que yo, tanto así que el pueblo vive y muere por gool, y muere literalmente, puesto que si así lo dicta así será, y hoy estas golpas serán fiel testigo del designio de gool, tal vez su último designio, esta kalinta la muna es clara y en ella los monopes se apiadan de mi insomnio, bendito y condenado, condenado a ser odiado y a cambio dar vista al ciego, mañana tal vez otro escriba que hinfo a muerto, si gool así lo quiere, y lo quiso. el último filopo a dejado de revolotear.

Microcuentos 1-10

Prefacio:
NADA y REAL intentan jugar con las percepciones del todo y sus inversiones, mientras que SOLEDAD es una sátira al realismo, CREACIÓN e INFIERNO toman mitos occidentales, así mismo NÚMERO y CAETERIS PARIBUS juegan con las imposibilidades, la primera personal y la segunda de todo el juego del entorno, VISIBLE es una paradoja que pasa entre las formas y los conceptos, HERRERÍA es un retrato y HOMICIDIO un relato policial y psicológico. A la final son todas fallidas pretensiones de jugar con las abstracciones posibles e imposibles.

1- VISIBLE:
me acerque para denotar, con asombro, que aquel es el enano más grande que he visto.

2-REAL:
al instante que despertó, todos cayeron muertos.

3-INFIERNO:
sentí aquella infernal figura llegar hasta mí, liberarme de mi cuerpo y darme la libertad que las llamas dan, aún así, nunca quise venir a este lugar.

4-SOLEDAD:
el miedo lo embargó al ver que detrás de la puerta solo existía universo.

5-HERRERÍA:
las letras eran formadas de la tinta rebosante, aquella misma tinta que llevaría las santas palabras al común...
(ad hominem Johannes gutenberg)

6-CAETERIS PARIBUS:
cada ínfima parte era llevada por el caudaloso río que atraviesa el bosque que olvidó al árbol.

7-CREACIÓN:
hoy se genera el universo de nuevo, la primera vez fue aquel día que del orden se generó el caos, .

8-NADA:
caminé dos o tres veces para cerciorarme, aun así, sentí el vacío...

9-NÚMERO:
entendí el número, pero al intentar pronunciarlo mi lengua cayó morada, casi muerta.

10-HOMICIDIO:
fueron tres disparos, dos muertos, cuatro gritos, incontables llantos, tres copas, dos revólveres y un hombre.

Episteme Excelsa

“concebir un pensamiento, un sólo y único pensamiento, pero capaz de destruir el universo”
Emile Cioran
“ Lo he conseguido”. La inestable silla deja de moverse por completo, poco visible por los pequeños rastros que permiten las esquinas de la antigua puerta, pero si audible, con ese particular chirrido, tan comúnmente escuchado en aquella casa, la misma casa, ahora casi abandonada, casi vacía, llena de profundas grietas y una sutil capa de polvo que ampara a la dejadez de esta fútil escena. Gottfried sale apresuradamente de aquel muladar, cruzando con tal agilidad los obstáculos dejados por él mismo en su estancia en aquel cuarto, algunos cuantos platos de comida, cajas llenas de papeles, un espejo roto, una pintura sin concluir que presentaba un amanecer calando a los ojos de un hombre absorto y una maleta de equipaje mediana, de esas que se llevan en la prisa; sus pasos, aun más apresurados que de costumbre, denotaban una singular premonición de lo que el viejo había presenciado, o tal vez más ridículo, de lo que pasaría.
Edith ya lo conocía, ya le era usanza cada gesto, cada palabra escondida entre esas miradas al horizonte, y, a priori, sus sentimientos de acuerdo al momento. Pero hoy no, este no fue como todos los días, no se repitió aquella recurrente escena, una ama de llaves viendo a un hombre de edad abalanzarse al escritorio para pensar aquello sin nombre; sin dudas importante, ya que sería en lo que permanecería recluido durante estos últimos meses .En cambio, esa madrugada, aquel hombre saldría con la prisa que solo la muerte lleva en sus venas. Como era costumbre, no le era permitido preguntársele nada a Gottfried Splenger, y esta no era la excepción; salió, tan poco calmo, tan ansioso, que su compañera de casa y hermana de sangre apenas lograría divisar en su rostro aquella expresión que vio solo antes que el apático hombre de ciencia entrara al cuarto para perderse entre pensamientos, como si aquel lugar estuviera embrujado por lo aciago, donde conteniéndose poco a poco aquellas emociones, fueran atadas al terreno y luego liberadas al salir de este, dichas en un solo instante fugaz. Y allí Flavius J. Gottfried Splenger, el mismo aquel que ganase el Honoris Causa en merito a su genialidad en los campos de ciencias exactas y filosofía una endécada atrás, dejaba la casa, que hacía meses la pobre mujer había desistido de arreglar.”¿Cómo estas Flavius? Solo tres palabras que con poca seguridad fueron susurradas rompiendo el silencio tan común en el lugar, tan desolado que aquel apenas perceptible murmullo fue retumbando hasta los oídos agudos del profesor, por lo general agradable personaje pero hoy lleno de una paz casi apática, solo responde con un gesto por demás amorfo percibiendo aquel anormal reconcomio.
Con un paso en naturaleza acelerado, adelanta a la gente como un espectro que se aleja de su fin, tan solo revisa el reloj, y para un momento revelando su impresión de verse tan poco humano en aquel reflejo ostensible, reconociendo aquí a otra persona, tal vez una pesadilla, algo en lo cual no quería convertirse, pero que en este momento no le importaba y mucho menos iba tener cabida para alguna al menos pueril reflexión. Ahora cuando apenas se asomaban algunos rayos del astro, llegaba al frente de la sociedad de ciencias, a la biblioteca adyacente, y entraría al lugar en el que paso tal vez su vida entera, liando tantos parádigmas, para que aquel día, no llegara allí para buscar conocimiento, sino para darlo.
“Plutón se ha apoderado de tu rostro” dice con el tono satírico tan común en él. Kirk, ahora director de la Biblioteca Nacional de Austria, palidece totalmente al ver como su compañero de tantos estudios reaparece de un prolongado letargo sin musitar palabra alguna y tan solo con una intención en sus ojos, pero tan grotesca que es poco reconocible, y aun así temible. Lo deja seguir, no impide nada en su viaje, ya que sabe que nunca podrá impedir el final, y tan acechante como aquel león entre el espeso boscaje de la tundra, saboreando retroactivamente aquella gamuza que la fiera bestia siente en el aire en desagradable bálsamo del colofón ardiente entre las paginas del universo; el demacrado hombre de deslucidos ojos y macilento aspecto obtiene de tan conocido estante un epítome escrito en letras orientales, de las que ya era conocedor, pues además de sus prominentes habilidades con los requerimientos del pensar, tenía en su haber tal vez un endecágono de lenguas que hablaba y entendía a la suma delicadeza, así mismo había tenido frecuentes viajes en su juventud a tierras de Asia, donde se había enamorado fervorosamente de los manuscritos bucólicos y su inconmensurable belleza, las tardes de primaveras entre cerezos en flor eran para él recuerdos que lo llevaban a mirar estas jornadas con singular aprecio.
Facilitó una hoja de papel, y sacó una plumilla de su gabán, tan solo para escribir dos o tres ideogramas en aquel fragmento, salió con la misma prisa que llevaba anteriormente, para más adelante encontrarse en un lugar admirable, la utópica esfera idealizada entre sus más atómicas aspiraciones, el amanecer que siempre había sublimado, la pintura que no había concluido. Y justo en ese lapso temporal todo empieza a tener el sentido, la finalidad del fin, el amanecer del fin.
Incontinenti de dos horas, un retrogrado gesto demostró aquella patidifusa estancia del hombre que encuentra la verdad, incapaz de callarla, tan solo un transmisor de lo eterno, de lo inmutable, indirigible, una fuerza inteligente, aquella mónada impalpable que genera todo lo reconocible. Esta perfecta conmoción, que hasta ahora era apenas imaginable en las ociosas mentes de los mas grandes. Y entonces, justo en ese instante, no era más una necesidad, era algo mayor, era la voluntad humana superpuesta en aquel grabado. ¡oh! tan orónimo paisaje de tantas inquietes que se generan en un destello formador del cosmos; Aquel momento, podría el mundo resumirse en un instante, y el universo en un hálito, del cual la verdad sería la cumbre, y este el abismo, el límite donde la existencia desaparece pero se cultiva ahora más. La hemianopsia ha desaparecido de la mortalidad, y se erige los campos de la verdad cosmogónica. Ahora es tiempo de llevar al mundo la verdad, conocer el infinito, los pasos más tranquilos que antes, lo llevarían a la sociedad de ciencias, dejó una carta y salió en presura hacia su domicilio.
Tres semanas después el profesor recibe la invitación a exponer aquello que desde el primer momento sería de la total atención del mundo científico, la recibe con una simple sonrisa, ya que los días anteriores solo se había dedicado a contemplar hermosos paisajes y plasmarlos, también a terminar algunas inconclusas acciones.
Al momento de entrar Flavius Josefus Gottfried Splenger a la audiencia de la academia de ciencias, el silencio paralizante se apodera del recinto, un sórdido e inapelable silencio, pronunciando en gritos oscuros la veracidad e importancia del momento. Al llegar al estrado el maestro, empieza a dirimir su mensaje:

“Queridos compañeros de tan apreciable labor, es para mi una incondicional carga lo que desde hace tal vez un mes llevo a mis espaldas, y se que para ustedes ha sido de alguna u otra forma controversial, pero que en verdad, no se puede ya declinar, ya que desde un mismo momento la decisión estaba escrita en los términos mas profundos del ser en sí. El secreto, el misterio, lo indefinido, el problema máximo y solución de todo lo que es y no es, el porque ser, los fundamentos, las bases, los estamentos, las condiciones, las acciones, las delimitaciones y argumentos, las tesis, las antítesis, las síntesis, lo que es y no es, lo que forma parte de cada uno, de todos y de ninguno, la extracción del tiempo, del espacio, de la mente y lo palpable, lo que forma lo inimaginable, lo etereo y eterno, acaece a cada cuerpo y en el cuerpo se forma, los números, las cifras, los limites y el infinito, el derivar lo supremo y llegar a las conclusiones mas exactas de que es, acabar por completo con todo lo que significa preguntarse, llegar a una respuesta suprema, ¡llegar a la verdad!.... pero es indecible en voz audible, solo miren lo que escribiré...”

En ese instante, como si todo fuera un simple dibujo, y aquel pintor decidiera deshacerse de lo que no le gusta, los puntos máximos, cada partícula aun la mas mínima del universo, empezó a crearse en dualidad, a deformarse y tal cual degradable figura, desaparecieron de entre el cosmos toda ley y toda fuerza, poco a poco como si fuera un hoyo negro, un punto obscuro generado en la garganta de Flavius empezó a expandirse y a generar campos ilógicos, en los cuales se veía lo imperceptible, y todo en si tendía a cambiar, porque en sí su principio era desaparecer.
En pocos segundos aquel hoyo seria tan intenso que transformaría Viena en un simple símbolo de la nada, y así al momento, la destrucción inminente del universo se hizo presente, y se dio la calma, aquella paz casi apática que creo el ultimo gesto amorfo, aquel amanecer del fin, seria noche, mía es la noche de lo incierto.

“Esta noche oscura La cubierta del calendario llega a su fin”
Yosa Buson (poeta japonés)

Anexo : “nota escrita por Gottfried “
Cara 1:
“ las galimatías de lo excelso, aquello que no se permite decir, ya que no se conoce, son ahora un idioma entendible para mi…
Yendo a mirarlas, Las flores del cerezo en la noche Se han convertido en fruto.
La primavera se aleja Duda En las tardías flores del cerezo
Murió el ciruelo y sus flores ¡El sauce en su soledad!.
Esta noche oscura La cubierta del calendario llega a su fin”
Cara 2:
“no se en que momento todo ocurrió, solo se que la decisión tomada desde entrar a aquel cuarto es la misma que hoy tomaré, que Dios nos proteja de la muerte de la necesidad”

Nox Sempiterna


Me dedicaré a dar magia al mundo.
Las sombras atacan permanentemente las vidas de los moradores, y la noche es tan palpable que apenas cuerdo seria aquel que dijera no sentirla; allí estaba tan presente como todas las veces, tan oscura que intentar ver seria pensar mas allá de lo que se puede dar.
Recuerdo su llegada, tan silenciosa como su estancia, tan permanente como lo sempiterno.
Ahora veo en la oscuridad, asi como cada uno de los que estan aqui, ya nos acostumbramos a ella, no haremos mas que darle aquel futil saludo del adaptarse, no vemos, pero nos acostumbramos.
La ceguera es tan falsa como falsa es la noche, pero eterna.
Que las sombras nos cubran una vez más, el miedo a la luz es pánico no tanto al no poder ver, sino a aquello que veremos.